Acapulco, Guerrero, 13 de julio de 2026.— La competencia interna de Morena rumbo a las elecciones de 2027 se mantiene como uno de los principales retos políticos del partido gobernante, especialmente en estados como Guerrero, donde la definición de la candidatura a la gubernatura concentra tensiones, aspiraciones y reacomodos entre distintos grupos.
A nivel nacional, Morena, PT y PVEM unificaron sus convocatorias para las 17 gubernaturas que estarán en disputa en 2027, con el objetivo de ordenar el proceso interno, evitar fracturas y reducir el margen de confrontación entre aspirantes. La convocatoria contempla registros, filtros previos y encuestas como método de definición, además de reglas contra campañas ostentosas, uso de recursos públicos y ataques entre participantes.
En Guerrero, la competencia ha tomado especial relevancia por el número de perfiles interesados en participar y por el peso político de los liderazgos locales.
El proceso ocurre en un contexto donde distintos actores buscan posicionarse territorialmente antes de la etapa de encuestas. Aunque el discurso oficial insiste en la unidad, los recorridos, asambleas y señales públicas de respaldo muestran que la competencia ya se mueve con intensidad. En política, claro, todos hablan de unidad; lo complicado es cuando la unidad empieza a parecerse demasiado a una fila de aspirantes midiendo quién trae más gente.
Uno de los factores que más ha marcado la discusión en Guerrero es la influencia de Félix Salgado Macedonio, quien, pese a no aparecer formalmente como aspirante, mantiene presencia territorial y peso político dentro de Morena. Análisis recientes señalan que su activismo puede incidir en el equilibrio interno del partido y en la lectura pública del proceso sucesorio.
De cara a los próximos meses, el desafío para Morena será administrar la competencia sin convertirla en ruptura. La encuesta será el método formal, pero antes de llegar a ese punto, los respaldos públicos, las alianzas regionales y la disciplina de los grupos internos podrían definir quién llega con mayor fuerza a la etapa final.
Para el partido, Guerrero representa una prueba política: demostrar que puede procesar una sucesión competida sin que sus propios liderazgos terminen haciendo más ruido que la oposición. Porque, hasta ahora, el mayor adversario de Morena no parece estar afuera, sino sentado en la misma mesa, esperando turno para levantar la mano.